martes, 1 de noviembre de 2016

Capítulo 27: Capítulo 72 (conteo general): "Transición"


Me acerqué a la orilla y me impulsé para salir de ahí lo más rápido posible. Pero aquella mano me agarraba con fuerza.

Quería salir de ahí.

Me sacudí en el agua lo más fuerte posible y sentí que me dejó un poco. Entonces salté como sirena. Me agarré del arbusto y me impulsé para subir, pero la mano volvió a sujetarme.

María gritó y salió corriendo de ahí hasta una cierta distancia. Yo seguí haciendo fuerza para subir. María volvió y me ayudó. Entonces pude salir de ese pozo.

— ¿Y Ana?—pregunté asustada mientras recuperaba el aliento. Había un monstruo ahí abajo y Ana también estaba ahí.

— ¡Aquí!—salió una figura, gritando, del agua. Tenía el pelo todo para el frente.

— ¡¡Ahhhh! ¡La niña del aro!—gritamos al unísono Ana y yo.

Aparté mis pies del agua, atravesé el agujero que había hecho María cuando se tiró al agua a buscar la pelota, y las dos nos refugiamos detrás del arbusto. Pero sus manos atravesaron el arbusto y nos persiguieron. ¿En dónde estará Ana en estos momentos?,  pensé.

¡Pero un momento! ¡Esas uñas yo las había visto antes!

— ¡Ana!—chillé con lo último que me quedaba de voz.

Ella se detuvo. María tomó una rama y le quitó el pelo de encima. Era Ana.

—Ya decía yo que esta niña del aro andaba en traje de baño y no en camisón, como en la película.
—Ana, nos asustaste—habló María.

—Yo no estaba fingiendo ser la niñas del aro, solamente que mientras me pateabas me cayó el pelo en la cara y así fue como salí del agua.
—Ay, Ana—dijimos a la vez María y yo.

— ¿Así que tú eras el muerto que quería tomar mi alma?
—Mm, no. Yo estaba agarrándote porque casi me hundo. No encontré el fondo, pero encontré corrientes de agua salada y unos peces muy extraños que casi me muerden, así que iba volviendo a la superficie y encontré tu pie.

— ¿Y por qué estabas fría como muerto?
Ana puso sus manos en mi brazo. Estaban frías, pero no tanto como cuando me agarró el pie.
—No lo sé. Yo siempre he sido así.


*          *         *

Esa fue nuestra última aventura. Al volver al campamento ya todos estaban empacando todo. Ya era casi mediodía, pero como el viaje tardaba y no podíamos permanecer con hambre, ya estaban almorzando.

Cuando llegamos la primera orden que recibimos fue “recojan sus cosas”.

Fui a la carpa y recogí toda mi ropa que estaba regada, la metí en mi saco y la dejé afuera de la carpa.
Las chicas y yo nos cambiamos de ropa. Después desmontamos la carpa y la doblamos bien bonita y luego la guardamos. Prácticamente ya nada más era mi responsabilidad.



Nos sentamos en un cooler y nos pusimos a hablar sobre el regreso de R5 a ___ (TP) mientras almorzábamos.

María tenía data en el teléfono y suficiente batería, por lo que enseguida nos reconectamos con el mundo globalizado.

— ¿Cómo es que tenías data y batería y no la compartiste con nosotras hasta ahora?—gruñó Ana. María se extrañó.

—Perdona. Pensé que tú no vivías con internet.
—Yo no vivo con el internet, pero tampoco soy cavernícola.

—María, pero en serio; ¿cómo pudiste guardártela para ti sola?—reclamé yo mientras escupía una espina de pescado. No es recomendable hablar mientras se come pescado. Niños, no lo hagan en casa ni en el mar.

— ¡No me lo guardé para mí sola!—exclamó—. Tu madre me quitó el teléfono y ella lo tuvo todo este tiempo. Hasta ahora me lo acaba de devolver.
— ¡Ah!—nos tranquilizamos Ana y yo.

Después de este pequeño malentendido nuestras conversaciones han sido más pacíficas. Creo que este viaje nos ha servido para unirnos más nosotras tres, pues antes yo era el puente entre ellas dos, y si no fuera por mí ellas seguirían odiándose por toda la vida.

Cuando terminamos de almorzar, fregamos nuestros platos y tuvimos que ayudar a desmontar las hamacas y a colocar nuestras cosas en un solo lugar. Cuando hubimos terminado por fin todos nuestros deberes, nos entregamos por completo al twitter. Por medio de este pudimos escribirle a Ross que recién había terminado el concierto de ese día.

Se sentía diferente volver a oír de los chicos, estando en esa isla en donde ellos jamás han estado. La soledad me ha ayudado a olvidar a Rocky; ¡pero yo no quiero!

El tiempo se pasó tan rápido estando en twitter que ni me di cuenta de cuando ya estábamos en casa disfrutando del agua dulce y del internet residencial.


— (TN) _____
— ¡Mi amor!—nos besamos.

— ¿Sabes cuánto esperé para esto?—me dice al oído. Luego nos tiramos en la cama y Rocky comienza a besarme por todo el cuerpo. De pronto se detuvo y me miró desde lo alto.
— ¿Me das permiso?—preguntó.

— ¡Te amo! Claro que sí, mi amor.

Continúa besándome. Coloca sus manos en mi cintura y comienza a besarme el cuello. Luego nos acostamos. Él estaba encima de mí y yo debajo. Coloqué mis manos detrás de su cuello y tiré de su cabello. Pude oír cómo se excitaba con eso.

Sus besos; ¡cómo los extrañaba! Eran húmedos y calientes; dulces, suaves, delicados; atrevidos, interesantes, varoniles… Rocky quería darme uno francés, pero yo todavía no me dejaba. Entonces, de repente Rocky dejaba de besarme, se levantaba y se iba de mi habitación.

—Rocky. ¡Rocky! ¿A dónde vas?

No obtuve respuesta.

— ¡Rocky!
— ¡¡Rocky!!

Todo se desvaneció y me encuentro envuelta en un dolor que mucho odio y que tanto conozco, gritando el nombre de mi amor.

— ¡¡Rocky!!
— ¡(TN) ______, despertaste!—se acerca a mi cama.
— ¿Qué pasa?

— Estás enferma.
— ¿Y por eso viniste?
— Vine y te encontré así.

— Es solo un resfrío—respondí con dolor en la garganta.
—Sí, pero puede empeorar.
—Tranquilo, estaré bien.

Es gracioso que siempre me refrío más en verano que en invierno. Como sea, esta gripe me tomó por sorpresa. Solo después de un día de haber vuelto del viaje. Rocky se adelantó un día en venir y por eso me encontró todavía mal. ¡Me encontró tomando una siesta y todavía con los síntomas fuertes!

—Vine antes porque no podía aguantar más tiempo sin ti—dijo—. A penas terminé el último concierto, hice mis maletas y tomé el primer vuelo hacia (TP)_______ y siguiente a (Tu Ciudad)___________. Los demás vienen mañana.

— ¿Estás cansado?—pregunté mientras me levantaba y me sentaba en la cama. Rocky permanecía sentado en un sofá que hay al lado de mi cama—. ¿Por qué no descansas un poco? ¿Ya comiste?
— No, (TN)____--me detuvo—. Solo quiero pasar el rato contigo.

—Pero te puedo contagiar. Además estás cansado. ¿Ya comiste?
—No.

Me levanté y fui a la cocina a servirle a Rocky la comida del almuerzo y lo acompañé. Rocky comía con cuidado, sin dejar de mirarme. Yo tampoco lo dejaba de mirar. Al poco tiempo nuestras miradas se volvieron incómodas, tanto, que rompimos en risas y luego me sentí culpable porque Rocky se ahogó con la comida.

— ¡Mira el pajarito!—le dije y eso funcionó para que levantara la cabeza y dejara de ahogarse. Le di un vaso de agua y se calmó. Pero luego, de la nada comenzó otro ataque de risa. Y yo intentaba que no se ahogara con el agua y que mirara para arriba. Me levanté de mi silla y tomé su quijada para levantarla. Y en eso Rocky se estiró para juntarse conmigo… ¡Me robó un beso! ¡Y con sabor a fríjoles con carne!

— ¡Rocky—me separé de él recordando el sueño, y le di una pequeña cachetada. Creo que ni le dolió, pero fingió que sí.
— ¿Qué?—exclamó.

—Sabes a comida.
—Entonces cómeme—dijo pervertido.
— ¡Ay no! Mejor más tarde. Es que estoy a dieta y no debo caer en la tentación—dije jugando a la niña buena.

—mmmm. Yo creo que en tu dieta sí hay un Rocky por hoy—dijo mientras me quitaba el cabello de la cara y me acariciaba dulcemente. Lo miré directo a los ojos y vi su deseo en sus ojos. Le dediqué una sonrisa y dije—: Termina de comer y te espero en el cuarto.

¿Qué podía hacer? ¡Oh, pero qué hice! Le dije que sí… Pero aún no estaba preparada para eso. Comencé a dar vueltas por toda la habitación, nerviosa. ¡No sabía qué hacer! Entonces entró Rocky y me sorprendió. Todavía no estaba lista. Me sobresalté y pegué un gritito ahogado.

h—Tranquila—dijo suavemente Rocky. Se acercó a mí, colocó sus manos debajo de mi axila y comenzó a besarme el cuello. Me llevó a la cama y nos acostamos; él estaba sobre mí.
Yo estaba excitada por sus besos. No podía creer cómo me hacían sentir.

Poco a poco Rocky comenzó a desabrocharme la camisa y a besarme los hombros y el pecho. Una de sus manos—no sé cuál—se deslizó hasta mi pantalón y se metió dentro.

Se me escapó un gemido que excitó mucho a Rocky. Continuó besándome y en poco tiempo su camisa desapareció.

— ¿Dónde están tus padres?—preguntó, dejando de besarme y sentándose a mi lado.
—En su cuarto. Al lado—respondí.
—Sí, ya los escuché.

— ¿cómo?
—Así, bebé.

Hubo un silencio incómodo.

Entonces Rocky acercó su mano a mi pecho e intentó despojarme de la sábana con la que me cubría. Me puse nerviosa. Rocky acercó su boca a mi cuerpo y besó justo arriba de mi pecho, me dio un mordisco y me dejó una marquita. Con sus dedos intentó hacerse posible seguir besando mis bubis.

— ¡Rocky!—Se apartó y dejó de besarme. Dejó de mirarme, en cambió miró al frente, dio un resoplido y dijo:

—Me duele que me rechaces, ¡y en la cama! Pero comprendo lo nerviosa que estás.En Argentina fui muy impulsivo y te prometí que nunca volvería a presionarte ni a obligarte a acostarte conmigo, pero por favor no me vuelvas a hacer esto. Me duele…

—Rocky—dije dulcemente y él me miró—. Lo lamento… Yo no quería… Me dejé llevar y no pude controlar lo que decía. Pero tampoco quería rechazarte.

Rocky me miró con qué cara larga, y una lágrima se le deslizó por la mejilla.

—Oh, Rocky—me acerqué a él y le sequé la lágrima con mis pulgares. Rocky tomó mi mano derecha y presionó mis nudillos contra sus labios en un sonoro y húmedo beso.

—Recuerda que tú eres Solamente mía. Tus ojos—con otra mano levantó el cabello que me caía sobre la cara y penetró con sus ojos en mi mirada—no mirarán a otro como me miran a mí. Tu cuerpo, tu figura, tu cintura, ningún otro podrá gozar de ellas ni de tu cuerpo, solamente yo. Pero hasta que no me des permiso, no gozaré de tu cuerpo. Solo lo haré cuando tenga tu permiso, por eso te ruego que no se lo otorgues a más nadie. Yo llevó tanto tiempo a tu lado y he esperado tanto a que me des tu permiso. No se lo des a otro que lo merezca menos que yo, por favor. Tus manos no podrás acariciar otro rostro. Tus labios no deben besar otros labios, y si lo hacen—cambió su mirada y se puso rígido, mientras pasaba sus dedos por mis labios—te prohíbo que lo beses igual que a mí. No quiero que me compares con otros, o que me guales con otro hombre. Yo soy tu hombre.

—Rocky, así será—Se acercó a mí y me besó suavemente los labios, casi sin tocarme. Bajamos nuestras cabezas y Rocky acarició mi cabello. Continuó besándome hasta quedarse sin respiración y tener que respirar entrecortadamente, de forma excitante. Y así mismo me dijo: “Te amo”.

—No pares de besarme—le dije con la misma voz.


*          *         *

Nos despertamos muy temprano. Rocky durmió en mi misma cama, los dos abrazados, él con el torso desnudo y en calzoncillos, yo apoyando mi cabeza en su corazón, y él acariciando mi cabellera. Era la víspera de Navidad más hermosa de toda mi vida.

— Rocky, ¿por qué no vamos al río a bañarnos?
— ¿Te parece a ti, princesa?

Sonreí y con eso fue todo para Rocky.

Bajamos al río y lo primero que hice fue quitarme la camiseta y el pantalón y luego me tiré al charco. Después me siguió Rocky. Se tiró en calzoncillos, igual como durmió. Me salpicó toda y me mojó el cabello. Igual eso iba a hacer. Me sumergí lentamente sintiendo cómo poco a poco el agua fría de la mañanita penetraba en mi cuero cabelludo. Después me sumergí por completo y me restregué la cabeza. No tenía Shampoo, solo agua, así que igual tendría que lavarme después de salir del río, por lo que no tendría mucho sentido lavarme bien en el río.

— ¿____ (TN) desde cuándo vienes aquí?
—Desde muy pequeña. Me acuerdo que desde los tres, pero seguro que desde antes.
—Entonces me imagino que conoces muy bien toda la zona—decía Rocky.

—Sí, por supuesto—Respondí yo.
—Te reto a una carrera hasta la otra orilla—dijo señalando el lugar donde mi caballo y yo descansábamos, donde también Riker nos vio una vez, cuando yo estaba evitando a Rocky.


*Flashback*

Colorado estaba en la ribera muy cerca del agua que pudo beber para saciar su sed. Lo desamarré y me fui. Miraba el espejo del lago central. Un color de pelo que no es usual por ahí me llamó la atención al reflejarse en el agua. Rápidamente me escondí tras un árbol. El color de Colorado lo camuflaba muy bien con la naturaleza.

La persona rubia se zambulló en el lago, muy cerca de la isla. Sabía que no podía quedarme oculta ahí; debía irme con cautelo, porque él no se iría rápido, quizá pase ahí hasta las tres o cuatro de la tarde. Muy lentamente fui subiendo la cuesta de espaldas, internándome en la oscuridad y desapareciendo del campo de visión del rubio. Pero cuando Colorado empezó a moverse, Riker notó el movimiento y supo que era un caballo.

— ¿Quién está ahí?

No respondí nada. Creo que él ya lo sabía, era solo que yo no lo quería admitir.

Riker se puso en pie y caminó hacia la otra orilla. Entré en pánico y corrí lo más rápido que pude hacia la cima. El caballo relinchó y no quiso avanzar conmigo. Se revelaba ante la autoridad, mientras Riker avanzaba hacia mí. ¿Qué podía hacer? ¿Abandonar a mi caballo? ¿Hablar con Riker?

— _______ (TN), por favor, no te voy a hacer daño. Ven acá y hablemos—gritó Riker.

—Lo siento, Colorado, tendremos que tener nuestro paseo más tarde—le susurré al caballo y lo solté, saliendo disparada; logrando llegar a la cima del cerro en 30 segundo.

Descendí rápidamente en zigzag y salté la llanura hasta llegar al establo y refugiarme en él. Ahí logré retomar el aliento después de una carrera de 3 minutos que debió ser de 10.

*Fin del Flashback*


— ¿Estás seguro de que quieres llegar hasta allá?—pregunté.
— ¡Segurísimo! ¿Por qué? ¿A caso su alteza tiene miedo?—dijo haciendo una graciosa reverencia en el agua, hacia mí.

— ¡claro de que no!—dije sobresaltada.
—Eso me suena a una carrera.

No dije más nada. Mi respuesta fue ponerme en posición de partida. Rocky también se preparó.

— ¿Estás lista?—preguntó.
— ¡Por supuesto!
— ¡Fuera!—gritó Rocky.

Esta carrera tiene sus desventajas, porque nosotros ya estábamos dentro del agua, cuando deberíamos estar fuera del agua tirarnos después de la marca de salida. Para mí fue súper complicadísima la salida, así que Rocky llevó la ventaja desde el comienzo. Como a mitad de la carrera yo logré avanzar más y le iba mordiendo los talones a Rocky. Pero al final, estaba tan cansada y, por nerviosismo se me olvidó respirar.

Rocky no dudó en apresurarse y llegar a la meta para poder disfrutar triunfantemente de la victoria. ¡Ay pobre de mí que me olvidé de respirar y por eso me ganó mi novio.


— ¡_____ (TN)!—exclamó Rocky cuando me vio haciendo esfuerzos para no ahogarme.

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Prometí que iba a subir el siguiente capítulo antes de que se acabara octubre; así que en mi defensa, este año me gradúo y estoy muy ocupada, tanto que pensaba que hoy era 28 de octubre. 
PD: ¡Feliz cumpleaños a Rocky, mi amor, que cumplas muchos años más! ¿Cuántos son? ¿22? Pero recuerden que en la novela Rocky todavía tiene 20...
les dejo con un vídeo de tributo al cumpleañero de hoy:

martes, 4 de octubre de 2016

Capítulo 26: Capítulo 71 (conteo general):“El secreto del fondo de la poza”


Recorrimos todo el borde la isla hasta llegar al árbol hechizado. Nos quedamos contemplándolo. La goa seguía cayendo, como siempre. Continuamos caminando por el bode, que, en esa zona era muy angosto y…

— ¡Ahghghghghghhg!!—un grito.
— ¿Qué te dio?

— ¡_____ (TN) no quiero estar aquí!—entonces pude ver la causa del grito de María—Esta isla está llena de animales salvajes y de insectos…

—María, es solo un borriguero y está más asustado que tú. ¡Míralo! Lo alumbré con mi súper foco de nueve leds. Estaba sobre el tronco del árbol hechizado, súper aterrorizado por mi súper foco. ¡Hasta yo le veía la carótida saltársele en el pecho!

— ¡No me importa es, es asqueroso!
—Oye, pobrecito… ¡Lo ofendiste, María!

—María empezó a sollozar justo debajo del árbol hechizado—Oye, aunque seas tica sabes muy bien que en _____ (TP) ningún animal es salvaje—María sonrió.
—No se supone que debemos estar buscado leña?

—Sí—. Le contesté—. Ve tú por ese lado y yo por este—le señalé.
María continuó adelante, pasando debajo del árbol hechizado, y entonces… ¡splash!
—Iu, ¡Qué asco! Huelo a orine—gritó María. Entonces ya sabíamos cuál era el truco del árbol hechizado. Se lo dije a María cuando fui corriendo a verla. Casi rompo en carcajadas.

— ¡Oh, por Dios, Mari! Al menos ya sabemos cuál era la magia de este árbol—Saqué mi teléfono y le tomé una foto— ¡Ni te atrevas!—gritó María.

—No la voy a publicar en internet. Solo se la voy a mandar a Rocky. Ah, o tal vez mejor a Ryland—sonreí descaradamente. María salió toda orinada y me persiguió hasta llegar al campamento, mientras yo recogía algo de leña; eso era lo que teníamos que hacer.

Después de la carrera tuvo que ayudar a María a alumbrarla mientras se bañaba y se vestía; entonces pudimos volver al campamento. Era hora de ahumarnos con el fogón.

Como la noche anterior, traje mi guitarra y me puse a tocar; pero no en el fogón, sino debajo de un árbol, muy cómodamente sentada en una hamaca. María se me acercó con su toalla mojada y la colgó en una rama del árbol donde estaba la hamaca.

—_____ (TN) —preguntó tímidamente—quiero que cambiemos de lugar. Voy a dormir en la carpa y tú puedes dormir en la hamaca.
— ¿Por qué quieres dormir en la carpa? Anoche yo no dormí en la carpa, dormí afuera en esa colchoneta que ves afuera. Si duermes en la carpa, te vas a morir de calor.

—Es que no soporto los mosquitos.
—Mari, en el mar no hay mosquitos.
— ¿Entonces qué es esto?—me mostró unas ronchitas que tenía en las muñecas y en los muslos. Para mí parecían alergias.

—Debe ser alguna alergia—le dije—, porque picadas de mosquitos no son. Ya mañana nos regresamos. A puesto a que no será nada grave—la tranquilicé—Duerme con la mitad del mosquitero abierta y las dos puertas recogidas—agregué.

Seguí practicando unos acordes al azar, recordando la canción que había compuesto junto a Rocky… ¿Cuánto tiempo ha pasado desde su partida? Ya quiero que sea Navidad.
Busqué en mi teléfono para ver el calendario. Ya estábamos a 18 de diciembre y Rocky vendría el 23 por la noche. Ya solo faltaban 5 días. La cuenta regresiva ya había empezado.

*          *         *

A la mañana siguiente encontré a María durmiendo tirada en la playa. Yo había tenido una noche muy placentera en la hamaca de María, abrazada a Ross—mi guitarra—, mientras que María amaneció tirada en la playa.

— ¿María, qué te pasó?—No respondió—. ¡María, María!—No se movía.
Fui junto a ella y le di vuelta.
—María, despierta—le toqué el hombro.

—MMM!!—chilló de repente. Se levantó— ¡Al fin había podido dormir y tú vienes a despertarme!
— ¿Cómo vas a dormir encima de las rocas? Allá está la colchoneta—la ayudé a levantarse y acomodarse.

—Fue una noche terrible—dijo, mientras yo me acostaba a su lado, mirando de nuevo el cielo color naranja-piña.
—Te hubieras quedado en la hamaca.

—Creí que la marea iba a subir hasta acá.
—Cuando la marea sube no hay nada que la pueda parar. Excepto la luna. Ya está entrando cuarto creciente-

— ¿Cuándo es que crece más la marea?—preguntó curiosa.
—En luna nueva—respondí.
— ¡Estamos en luna nueva!—Se alarmó.

—En realidad estamos en creciente. ¿No viste la luna anoche?
—La verdad es que no. Yo solo quería dormir.

—Bueno, ya casi se completa el cuarto. Además solo en marzo llega a la marca más alta. Por ahora solo llega hasta ahí en alta—señalé el bajón que había a los pies de la carpa.
Lentamente la marea comenzó a descender y el fogón todavía estaba andando. Necesitábamos más leña. Y por lo que sucedió la noche anterior, María pidió cambiar con Ana. La loca y yo fuimos a buscar leña y volvimos más rápido que ligero, cargadas de ramas secas.

Era nuestro último día en el mar. Los pescadores iban a recoger sus últimas redes y antes del mediodía comenzaríamos a desmontar nuestro campamento. Todavía había tiempo para disfrutar.

Las chicas y yo fuimos al otro lado de la isla, donde encontramos un llano para practicar voleibol. Pero estábamos un poco aburridas de este voleibol en medio del bosque, así que decidimos jugarlo dentro del agua. En realidad lo decidimos por accidente.

Solo somos tres, así que jugábamos una versión mezclada de voleibol y bobito. 

Estábamos jugando y yo lancé mal la pelota. La debía atrapar Ana, porque María estaba en medio de nosotras dos. Lancé mal la pelota y esta se fue de lado. Ana fue corriendo a buscarla, antes que María la agarrase y tuvieran que cambiar de puesto (porque así es el juego: el del medio debe tratar como pueda para tomar la bola, y cuando lo hace, el jugador del extremo que no la atrapó, cambia y se va al centro).

Estábamos jugando a un lado del mar—de una entrada de agua, en realidad—y había un arbusto muy alto que nos separaba del agua. María fue más rápida y más arrecha que Ana. No buscó por dónde meterse; simplemente me tiró de boca, atravesó el arbusto y oímos cómo caía al agua. María ya había ganado el puesto de Ana.

Ana y yo nos miramos las caras. En el rostro de Ana se dibujó una expresión a punto de morirse de la risa. Jamás he entendido cómo ella se puede partir de la risa en una situación así. Yo solo puse una expresión de asombro por lo que había hecho María. Esa parte de ella yo no la conocía.

— ¿Mari, estás bien?
—Sí. El agua está dulce. Vengan.

Ana puso cara extrañada.

— ¿Cómo que el agua está dulce, si estamos en el mar y en una isla?
—Pero el agua está dulce—le respondió María.
—No te creo—siguió escéptica Ana.

—Ay Ana—la regañé.

— ¡¿No me crees?!—se sobresaltó María y oímos el agua chapotear violentamente (porque no la podíamos ver porque el arbusto lo impedía, así que sola la escuchábamos).
—Ven aquí y compruébalo tú misma.

Apenas Ana oyó el reto comenzó a buscar un agujero por donde entrar, pues no se iba a tirar por donde se tiró María. Yo estaba detrás de ella, pues también quería bajar y comprobar si el agua era dulce.

Ana consiguió un agujero y por ahí descendimos las dos. ¿Coincidencia que las tres estábamos jugando en traje de baño?

Ana se tiró al agua y me mojó toda. El agua estaba fría, me dejó helada. Pude ver que era muy profundo. Pero igualmente me lancé yo.

El agua que me había tirado Ana no estaba fría, estaba apenas tibia en comparación con el agua de la fosa, la cual creo que era un ojo de agua. Quedó comprobado que sí era agua dulce. Lo extraño era que el agua estaba helada. ¿Cómo podría ser eso?, si ahí le pegaba el sol y ya eran más de las diez de la mañana. Esa agua no podía estar helada.

— ¿María, no sientes frío?—le pregunté.
—Sí, un poco—respondió—. Salgamos de aquí.
— ¿Por qué?—se extrañó Ana—el agua está muy buena.

— ¡¡Pero tenemos frío!!—exclamó María.
— ¡Sí! Y a mí me da miedo no dar pie aquí. ¿Esto qué es? ¿Un lago?
—No, es muy pequeño para ser un lago—respondió Ana, la que todo lo sabe.

En efecto era muy pequeño. Yo diría que tenía menos de 50 m2. Estaba como en un hueco, pues había un desnivel entre el suelo y la superficie del agua. Había maleza por toda la orilla. No había follaje que nos cubriese, pues los árboles terminaban como a medio metro antes del borde, y no había raíz alguna ni a orillas del pozo ni dentro de él. Tampoco había ninguna forma de vida—que podamos ver con los ojos—dentro del lago, aparte de nosotras, claro. La fosa parecía artificial por todo aquello.

Había algo que me incomodaba sobre el hecho de que pareciese artificial, y es que no sabía qué tan profundo era el pozo; el agua estaba helada y se veía como verde.

— ¿Entonces qué es esto?—volví a preguntar
—Yo digo que es una ciénaga—dijo Ana.

—Pero las ciénagas son como pantanosas y siempre tiene como vegetación alrededor. Aquí la vegetación está lejos y no hay follaje que nos cubra. Si un helicóptero pasase por aquí, nos vería clarito.

—Yo digo que es un ojo de agua—propuso María.
—No creo, ¿por qué no hay vida acuática aquí? En los ojos de agua siempre hay camarones de agua.

— ¿¿Camarones??—se rio Ana.

—Sí. ¿Tú nunca has visto los camarones criollos? Cuando se hace una construcción en un terreno entre un río y una elevación como el cerro detrás de mi casa, hay grandes posibilidades de encontrar ojos de agua. Y cuando al hacer lo cimientos cavan y se encuentran con un ojo de agua, se pueden observar cómo salen los camarones por los agujeros que se forman en las paredes de tierra.

— ¿Entonces dices que hay camarones en los depósitos de agua subterráneos, o sea, debajo de la tierra?—preguntó María.

—sí, por su puesto. Todos los depósitos de agua deben de tener vida acuática, sino se vuelven pantanos. Cuando no hay seres vivos que respiren oxígeno y continúen con el ciclo del oxígeno, las aguas se pudren al perder su oxígeno y se vuelven pantanosas.

—Pero si aquí no hay formas de vida, ¿por qué el agua se ve así?

Medité esa pregunta. Miré en el centro de la poza y vi la mancha verde que yo veía desde antes de meterme ahí. Me llamó mucho la atención. ¿Cuán profunda será esta poza?

—Ana, ¿te atreves a sumergirte hasta dar pie?

—Claro.

Ana tomó aire y se sumergió. Vimos sus manos desaparecer de nuestra vista, bajo el agua, por lo que supimos que tenía más de tres metros de profundidad.
Pasó un minuto y yoya me estaba preocupando.

— ____ (TN), tengo frío. Salgamos de aquí—me dijo María.
—No podemos si Ana no vuelve.


Pasó medio minuto más. Mi cara quedó congelada. Sentí un frío tan espantoso en mi pierna izquierda que oyeron mis gritos en la ciudad. Una mano de muerto, y algas que las sentí en mi pierna, me helaron por completo. ¡¡El secreto del fondo de la poza me iba a matar!!

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Como lo prometido es deuda, aquí está el siguiente capítulo. Admito que se me olvidó por completo subir este capítulo. Estuve muy ocupada estas semanas y hasta ayer fue que me acordé. Este año me gradúo, así no se imaginan cómo es todo tan estresante... Pero gracias a que hoy es el día de San Francisco de Asís y mi colegio de monjas franciscanas, nos dieron el día libre .
Como sea, espero que disfruten este capítulo y haré todo lo que puede para subir el siguiente capítulo antes de que acabe el mes.
nos vemos la próxima!!