lunes, 19 de septiembre de 2016

Capítulo 25: Capítulo 70 (conteo general): "Vacaciones y un cielo para comérselo"


Ya en el suelo vi todo desvanecerse ante mis ojos. Las lágrimas acudieron en tropel a mis mejillas. Sentí una impotencia tan grande. Sentí que nuestro amor se disipaba. No. ¡No, no, no! Lo quiero a Rocky. Nunca jamás podría dejar de amarlo.

Aun así, las lágrimas brotaban y formaban ríos y mares.

 Poco a poco fue cayendo la noche y los ríos ya se había secado.

Las chicas vinieron a mi cuarto y nos pusimos a ver novelas en canales nacionales. Casi a las 10 de la noche fue cuando nos entró el sueño y nos fuimos a dormir. Ana y María se durmieron en mi cama y yo tuve que dormir apretujada en medio de las dos.

*          *         *

El tiempo pasó tan rápido cuando supe que siempre iríamos al manglar. Yo de verdad necesitaba relajarme en el mar y sentir el hedor de la sal en mis narices, justo como en mi sueño.

Ese día fue solo de preparación y al día siguiente nos levantamos temprano y armamos todo lo que necesitábamos: nuestros artículos personales, una carpa, colchonetas, hamacas, botas de indio, hielera con hielo, comida para preparar (arroz, guandú, etc.), agua dulce, medicamentos y banditas, pailas y ollas para cocinas, cuchillos, machete y lima, entre otras cosas.

Cuando lo tuvimos todo preparado, emprendimos el viaje hasta el puerto y nos subimos a la lancha que nos estaba esperando. Subimos todos los sacos con nuestras cosas y lo que habíamos preparado. Serían tres días, por lo que era mucho equipaje.

A las cuatro de la tarde llegamos a la isla. Hace muchos años que no venía allí; pero… un momento… ¡Esa era la isla de mi sueño en donde me encontré con Rocky!


El cielo se veía despejado y corría una suave brisa de diciembre. En realidad ninguna brisa es suave en el mar, pero hacía mucho calor, así que esa era una suave brisa para refrescar.
A mitad de mi campo visual se veía un cascarón meciéndose con las suaves olas. Desde donde yo estaba se veían suaves olas, pero allá parecía que estaban luchando con un poderoso monstruo. Los pescadores estaban poniendo sus redes y el cebo para pescar. Para el desayuno tendríamos pescado.

Pronto cayó la noche. Creo que fue idea de María traerse mi guitarra, aunque ella no toca. ¡Pretendía que yo tocara! Trajo mi guitarra sin mi consentimiento y pretendía que yo las complaciera a ellas tocando. Bueno, amo la música; así que por esta vez María ganó y yo toqué algunas cancioncitas simples esa noche al lado del fuego.

Extrañaba mucho a Rocky y a mis hermanos. Así que pensé en irme a un lugar apartado para pensar y meditar mientras toco mi guitarra; practicar y dedicarle alguna canción a Rocky, pero mi madre me lo prohibió. Lo último para mí fue comer y oír las noticias en la radio antes de irme a dormir.

*          *         *

El sol brilló desde el horizonte tan naranja como la fruta. El cielo tenía un delicioso color naranja-piña como el helado. ¡Qué delicia!

Ana, María y yo salimos a ver qué nos había traído la marea. Teníamos nuestras botas de indio, así que nos fuimos en busca de cangrejos.

—Oye, _____ (TN), si no encontramos comida pronto, me voy a comer el cielo—dijo María. Apenas terminó de decir eso, Ana estalló en carcajadas, se resbaló con el lodo y se cayó.
—Mmhj—exclamé—Eso te pasa por burlesca. Pero a decir verdad yo también me comería el cielo si llegara tan alto—María y yo nos reímos coquetamente de mi chiste.

—Pero, María, querida, ¿cómo vamos a encontrar comida si tú no nos ayudas?—le reclamó Ana.

—Es que no encontré mis botas… y aparte no me quiero ensuciar como tú.

Eso fue suficiente para que cada una se quedara callada. Ana y yo buscamos cangrejos en el lodazal que había dejado la marea, mientras María buscaba debajo de las piedras en la playa rocosa, la parte de la playa que queda bajo el agua durante la marea alta.

Debajo de cada piedra había un montonón de cangrejitos, todos muy pequeños. Pero después de buscar y requeté buscar encontramos cangrejos más grandes, dignos de ser comidos. Así que el desayuno fue pescado y cangrejo.

La mañana fue avanzando y el calor, disipando. El cielo se despejó y se veía más azul que el mar. Hasta podía ver olas ondeando el cielo y un jet-yate surcando las olas, dejando su estela marina arriba de nosotros.

Comenzó a correr brisa marina que atizaba el fogón en donde se cocinaba la pesca de ayer. Estábamos de vacaciones, pero aun así había que trabajar; porque no se puede vivir sin trabajar, el ser humano no está diseñado para estar horas como un holgazán. Pero el trabajo en la playa se disfrutaba mejor y no era tan pesado.

Todas las mujeres estábamos en un mismo sitio, debajo de una buena sombra. Unas estaban desgranando guandú y otras—María, Ana y yo—estábamos limpiando pescado y guisándolo. La verdad yo hubiera preferido desgranar frijoles, pero eso me llevaría toda la mañana y yo lo que quería era terminar rápido. Limpiar pescados era más asqueroso, pero más rápido de terminar. A Ana y María tampoco les gustó la tarea, pero al menos teníamos toda el agua del mundo para lavarnos las manos justo detrás de nosotras. El único problema era que es salda. Pero sí nos podíamos limpiar las manos.

Yo siempre digo lo positivo de todo lo malo; y como esta vez María y Ana me hicieron caso y terminamos la tarea rápido, fuimos las primeras en ir a buscar nuestros trajes de baño.
En realidad éramos las únicas chicas con ganas de ir a bañarse. De hecho éramos las únicas chicas, el resto eran señoras, las esposas de los pescadores y mi mamá.

Nos lavamos las manos, después nos pusimos bloqueador solar y entonces fuimos aptas para tirarnos a la gran piscina del mundo.

—¡Ah, está salada!—gritó Ana.
—No me digas: ¡Estamos en el mar!—le respondió María.
—Está caliente—dije yo.

—Sí, eso también…
—Hace calor.
—Es porque son las doce del día.

—Oigan, ¿Ya vieron el nuevo vídeo de R5?
—Uhg. Ya tenías que empezar con eso.
— ¿Qué pasa Ana? ¿Tienes un trauma con la R?—le respondí pícara.

María y yo nos burlamos de la pobre Ana. Sabíamos que era por Ross.

— ¡Oh, ustedes qué dicen! Tú andas con el tatuado y tú con el Dj—hablando de Ryland, ¿qué pasó con él y María?
—Oye, Mari, ¿qué hay con Ryry?

—Nada—María bajó la mirada—a veces me escribe y me cuenta sus cosas, pero yo solo le he respondido una vez.

— ¡Qué mala! ¿Por qué lo ignoras?—inquirió Ana, quien ahora se preocupaba por la bonita relación de María, mientras se daba un chapuzón para mojarse el pelo. María todavía no se había lavado la cabeza.

—Es que… —se puso un poquito roja, tal vez era por el sol—No lo sé. No me parece correcto…
— ¿Tú crees?

—Lo que no me parece correcto es que lo ignores. María, eso no se hace.
—Oye, por primera vez me llamas por mi nombre y no por perra.
— ¡Ey, no me cambies el tema!...

—Ana tiene razón. Ryland te quiere y te lo demuestra. ¿Por qué no le das una oportunidad?

— ¡Porque no quiero!—gritó— ¡porque es un imbécil que se intentó aprovechar de mí, de mi nobleza!—Entonces salió del agua como un loca. Su cabello, ahora castaño, todavía estaba seco.

—Oh, Mari. Ven aquí—la llamé.

Ana y yo salimos del agua también. Sentí frío en las piernas después de salir de las cálidas aguas del Pacífico.

*          *         *

—María, ¿por qué no me lo contaste antes? Soy tu mejor amiga. ¿Por qué no me lo dijiste? —María estaba sollozando en mis piernas después de tanto correr por la isla.

h—Fue cuando tú y Rocky estaban peleados. Yo pasaba largos rato en su casa, hablando con Ryland y jugando PlayStation con Ryland también. Él quería ayudarme a reconciliarlos a ti y a Rocky, pero en una de nuestras citas él cerró la puerta de la habitación. Yo estaba hablando de Rocky y él comenzó a besarme, sin decirme nada ni coquetear… no fue nada romántico y estaba totalmente fuera de lugar. Fue violento y comenzó a quitarme la ropa. Yo no quería y le dije que no. Pero él no me hizo caso. Metió la mano en mi pantalón y me tocó…

>>Fue horrible. Me besó y lamió toda.

>>Fue Stormie quien me salvó.

—Espera, ¿qué?—me reí un poco, por lo bajo.
— ¡Oye no te rías!
—Lo siento. ¿Stormie te salvó? Ya me estoy imaginando lo que ocurrió después de que te fuiste: un buen sermón de madre.

—No me interesa lo que haya pasado después—rompió en llanto y se tumbó sobre mí—Stormie venía a dejarle a Ryland su ropa limpia y nos encontró. Había oído que yo le decía a Ryland que no y él no me hacía caso. A penas abrió la puerta comprendió qué sucedía y me pidió que me fuera. Eso hice…

Pronto cayó la tarde. María y yo fuimos a caminar por la playa alrededor de la isla. Era bastante pequeña, pero muy diversa. Tardamos como media hora en volver al mismo punto y ya para entonces habíamos visto cientos de animales diferentes: renacuajos, libélulas, aves, muletos, arañas, moscas; mosquitos no, porque en el mar no hay.

Había un árbol a orillas del mar que producía un sonido en el agua. No sabíamos qué era. Probablemente era algún animal que no se dejaba ver, pero hacia hondas en el charco cuando caía. Pero caía repetidas veces en un minuto. No sabíamos qué extraño fenómeno de la isla era ese. Para tener pruebas, María grabó un vídeo como de dos minutos. Aún no sabemos qué es.

Gracias a este paseo de reconocimiento de la isla, logré que María olvidara que Ryland casi la viola, a no ser de mi futura suegra.

Cuando volvimos al frente de la isla—donde se encallaban los botes—ya se presentaba para nosotras un hermoso atardecer. Y el olor a pescado a la leña, el sonido del mar, la sal en nuestras narices y la marea subiendo a cada minuto, me daba la impresión de estar de vuelta en el sueño donde Rocky y yo demostrábamos nuestro amor.

Oí un motor fuera de borda e inmediatamente me puse en alerta.

— ¿Qué pasa ____ (TN)?—me preguntó María.
— ¿Esos son los pescadores?
—sí. Y allá está tu papá. Vamos a ver qué trajeron ahora.

En escasos minutos ya estábamos a oscuras y tuvimos que regresar para buscar un foco y alumbrarnos el camino. De hecho no veíamos muy bien y el agua nos jugó una mala pasada: la escuchábamos, pero no la veíamos. Podíamos ver la otra luz, la del bote y pensábamos que ya estaba en tierra, cuando en realidad estaba en el mar y nosotras estábamos en el borde de la playa. Entonces yo me caí al agua.

— ¡_______ (TN)!—rompió en carcajadas María y luego me ayudó a levantarme. – ¿Te ayudo?
—No—ya me había ayudado yo sola—. Te informo que tus risas no me ayudaron en nada.

—Okay. Tú me dijiste que no.
—Mari—la callé— ¿Dónde estamos?
—Allá está el bote—salimos corriendo.

Desde lejos oíamos las voces. Se llamaban unos a otros. Estaban descargando la lancha con neveras repletas de pescados. Pasaron a nuestro lado en la oscuridad y fueron a dejarlas en el campamento. Mi mamá nos llamó; era hora de ponernos a hacer otro fogón para cocinar más rápido. María y yo fuimos al lado oscuro de la isla, a buscar más leña seca, mientras Ana preparaba los tizones y hacía dos trípodes.

Recorrimos todo el borde la isla hasta llegar al árbol hechizado. Nos quedamos contemplándolo. La goa seguía cayendo, como siempre. Continuamos caminando por el bode, que, en esa zona era muy angosto y…



— ¡Ahghghghghghhg!!—un grito.

Hoy traigo un capítulo más corto que los anteriores. Y ya sé que es bastante simple y que no habla mucho de R5. Y en tres capítulos más prometo que va a volver a aparecer Rocky y los demás, pero poco. 
PD: la botas de indio son las de caucho, como las que aparece en esta imagen:

viernes, 12 de agosto de 2016

Capítulo 24: Capítulo 69 (conteo general): "Un típico día de vacaciones".


**Al día siguiente**

Desde la mañana estaba mi padre cortando leña. Yo me desperté porque para mi vecino era hora de festejar con toda la bachata de su playlist. Me pone de mal humor despertarme temprano un día de vacaciones, con el retumbar de un bajo desafinado en mis oídos. Si quisiera oír un bajo desafinado, preferiría oír a Riker.

Me levanté de la cama con facha de La Bruja Buena, y fui a ver qué había de nuevo. No había cable, pero sí internet; el agua amenazaba con irse y el vecino con su música. Toca y desafina. Mi padre cortando leña… era un típico día de diciembre en mi vida.

Volví a mi habitación y volví a acostarme en mi cama. Miré al techo y comencé a prestarle atención a la letra de la bachata. ¡Qué asco! Quien escribió esa canción nunca se ha enamorado de verdad, o seguramente creyó que era así, pero lo confundió con pasión. Tal vez su sociedad le hizo creer eso.

Eso que cantas no se llama amor, cariño, se llama lujuria y es un pecado capital, idiota, pensé. Hablando de pecados capitales, me di cuenta de que yo también estaba incurriendo en uno. Me levanté de la cama casi de un salto y fui a buscar oficio.

No había desayuno hecho, de modo que ese sería m oficio por ahora. Comí sola. En mi familia éramos cinco: mis padres, mis dos hermanos mayores y yo. Mi mamá había salido temprano para trabajar. Mi hermano mayor se fue de casa en cuanto se graduó y ya lleva años estudiando en Europa. Juan había partido para Alemania hace poco y mi papá también estaba trabajado, pero en casa.

Se podía oír un eco, pero no había nada que produjese sonido. ¡Cuán vacío estaba ese edificio! Así había sido mi vida hasta que llegó un chico a mi vida, hace algunos meses. Hace cuatro meses atrás, ese chico trajo a su familia e hizo barullo en mi vecindario y en mi casa… Pero este chico se había ido de gira; él es músico, por lo cual, técnicamente estaba trabajando. ¡Maldito sistema capitalista! Por las ansias de dinero me ha alejado de las personas que más quería. Yo también tendría que irme en algún momento a estudiar, y eso sería únicamente con el propósito de que empiece a trabajar y a pagar impuestos. Yo me iría en julio, faltaba toda una eternidad para ese momento. Incluso había meditado conseguirme un trabajo para tener algo que hacer durante estos próximos meses. No sabía en qué ocupar mi tiempo para entonces. Oh, pero mis padres necesitarán a alguien en casa que se encargue de los quehaceres domésticos. ¡Todo por no pagar a una empleada doméstica! Pero de todas formas quisiera tomar un curso de música, aunque sea para no estar de vaga todo este tiempo solo estudiando el idioma y los términos técnicos en inglés, y por supuesto sobre la matera en sí.

Casi a las once de la mañana se levantaron las niñas Ana y María. Comieron y luego las mandé a lavar los platos,  las ollas y la estufa (porque yo no soy empleada de nadie) Estuvieron en eso como hasta las dos. Pero desde la una yo ya estaba ahí secando la estufa para cocinar. Así es la vida.

Papá había estado cortando leña para preparar una barbacoa en la tarde. Solo estábamos él, mamá, las niñas y yo. De todas formas extrañaba a mis hermanos Iam y Juan; me sentía sola… y a Rocky también lo extrañaba.

Llevábamos dos días seguidos dedicándonos a la limpieza. Después del almuerzo fui a limpiar las paredes de la casa por dentro y por fuera y las niñas se quedaron limpiando la cocina: la grasa del piso, la cerámica de las paredes, el extractor, la nevera y  la vajilla.

A las 4:30 estábamos súper agotadas. María propuso un té y esta vez acepté de buenas ganas. Luego tuvimos la barbacoa. No tengo nada interesante que contar sobre esa velada. María, Ana y yo estábamos conscientes de que limpiar una casa no significa solamente barrer y trapear. Hay muchas cosas que se limpian, que se llenan de polvo, de grasa y de mugre, en especial las cosas de la cocina. Ana y María todavía no terminan con la cocina y a mí nada más me faltaban los guardarropas y las pantallas.

Me dolían las manos; me dolían los cayos de tocar guitarra y el músculo de hacer cejilla. Por supuesto que también me dolían la espalda y los pies. Las chicas y yo nos prometimos que nos haríamos la manicura al finalizar la jornada anual de limpieza.

Sobre la barbacoa, la carne estuvo riquísima. Es lo único que cabe decir. Después de comer me fui a la cama pensando en si lograría sobrevivir todo ese tiempo hasta que llegara Rocky; el tiempo me estaba comiendo. María también se fue a dormir, y, por lo que parece, Ana se quedó con mi padre ayudándole.

Al día por fin terminamos de limpiar arduamente toda la casa; entonces nos sentamos a hacernos la manicura, como prometimos, y a hablar de Ross. ¿Por qué de Ross? Pregúntenle a Ana.

—Es un chico muy inteligente.
—Es un capricornio; es un signo muy extraño. Está loco como una cabra—le contesté.

—Esa debe ser la razón de su locura por la música. Enamorado debe ser igual.
— ¿Te interesa tener un amor de cabras?—se rio María, que hasta entonces no había dicho nada.

—Esos chistes zodiacales déjaselos a ____ (TN)—contestó Ana un poco resentida.
—Ay, por favor. No digo que Ross no sea inteligente, porque lo es…

—Y tiene musculosos brazos—me interrumpió Ana con ojos de enamorada.
—Para mí que son de mentira. ¿Tú se los has tocado?
—No, pero voy a intentarlo cuando vuelva.

—Oh, necesitarás suerte. Oí que Ross y Kimberly tienen algo—recordó María.
—Hm—murmuró Ana—_____ (TN), ¿qué es de la vida de Kimberly?

Lo pensé un momento. Su estadía en la casa de los Lynch ni siquiera la noté. ¿Cuándo se fue?

—Seguramente debe estar en casa de sus padres jugando Wii o cotilleando con sus vecinitas.


Luego de rasgar levemente el tema de los brazos de Ross se produjo un silencio. Yo estaba sentada en un sofá. Ana me hizo la manicura en la izquierda y yo le hice la pedicura a María. Luego cambiamos de posición. Los brazos de Ross nos impidieron volver a abrir la boca. Supongo que todas estuvimos pensando en esos brazos. Supongo que al tocarlos serían como toronjas. Me recordé de la vez en que casi sucede algo entre nosotros. Sus brazos son muy fuertes, pero mi amor por Rocky es aún mayor, y por eso no ocurrió nada de lo cual debiera avergonzarme frente a Rocky.

Rocky… No lo podía sacar de mi cabeza. El tiempo hacía que ya no doliera la distancia, pero aun así lo extrañaba. Estaba segura de que los brazos de Ross no eran tan fuertes como los de Rocky. Si ambos hicieran fuerza, Rocky ganaría. Eso brazos, con sus tatuajes… ¡cómo olvidar lo fuertes que eran… son! Entre ellos me abrazaba. Era el lugar en donde más segura me sentía. Extrañaba tenerlo tan cerca de mí; oír su respiración, y los latidos de su corazón… y sentir su calor.

— ¿_____ (TN)?
—Emm, sip.
— ¿Qué pasa?

—Estoy enamorada, Marí.
—Eso lo sabemos, cariño—respondió Ana malhumorada.
—Ya se te secaron las manos. Ahora pon los pies para hacerte la pedi.

—Y hazme las uñas a mí—añadí Anita.

Solo asentí y me puse a trabajar. Las vacaciones se estaban poniendo tediosas, pero todavía podíamos ir al mar. Sería un paseo de tres días y eso nos mantendría ocupados y no nos aburriríamos.


No pude dejar de pensar en Rocky. Con frecuencia imaginaba que estaba junto a mí viéndome trabajar y sonriendo; que decía unas palabras y que en pocos segundos volvería a sentir sus labios en mi boca y sus brazos en mi espalda. Pero Rocky no estaba ahí. Lo extrañaba tanto… Necesitaba llamarlo, pensé.

…………………………..



Eran como las dos de la tarde. Quizá tuviera chance de que estuviera libre y me cogiera el teléfono. Lo pensé como cinco veces. Miré fijamente su número grabado en mi teléfono con mi corazón. Lo miré y lo remiré y no pude encontrar ninguna otra respuesta que no sea “¡llámalo!” Lo tomé con fuerza y marqué su número repitiéndome todas las veces que pude que no me echaría atrás. Sonó como tres veces y luego… alguien lo cogió…

—Hola ¿Amor?—su voz dulcísima fue la única respuesta que necesitaba.
— ¡Rocky!—dejé escapar un grito ahogado y me tapé la boca. Estaba asustada.
—Amor, ¿cómo estás? Justo estaba pensando en ti.

—Bien, solo…—pensé seriamente si debía hacerme la súper chica con corazón de acero o si debía mostrarle mi corazón abierto, tal como él se sentía respecto a mí…--Ay, la verdad es que te extraño mucho y ya no soportaba tenerle lejos. Sé que solo han pasado cuatro días—

— ¡Cuatro días! ¿De verdad? Para mí han sido cuatro milenios. He recorrido gran parte de la historia de la humanidad por ti— ¡Oh, pero qué dulce! Cada día se me va dificultando más respirar si no estás aquí junto a mí. Quería llamarte desde el día de tu graduación para felicitarte, pero no sabía qué hora era allá para no despertarte.

—Oh. Espera, ¿qué hora es dónde estás?
—Es casi medianoche—contuve el aliento. Lo había despertado
—Oh, lamento haberte despertado. Debería—

—Oh, bebé. De hecho acabo de venir de un concierto. Solo hace una hora que recogimos todo y llevo todo este tiempo pensando en ti. Ha sido bueno que me llamaras.

—Tus pensamientos han llegado hasta acá. Yo no paro de pensar en ti. Te extraño a ti y a tus labios, y a tus fuertes brazos sujetándome—Sentí sonrojarme. Aunque no nos pudiéramos ver, sentí que él sonreía. Seguramente sabía que estaba sonrojada. Pero era lo que sentí por él y no lo podía evitar.

— ¿Me extrañas tanto, bebé? ¿Me demostrarías cuánto me has extrañado a mí y a mis besos, y a mis brazos cuando vuelva a ____ (TP)?—reí.

—Sí, lo haré. No puedo esperar para estar en tus brazos y besar tus labios, amor mío—Rocky rio a gusto. Seguramente estaba abrazando el aire a su alrededor deseando que yo estuviera ahí para poder abrazarme.

— ¡Oh, no digas más! Me haces desear que estés aquí esperándome en mi cama para pasar toda la noche conmigo—Contuve la respiración. Yo también deseaba estar allí, esperándolo en su cama. No me importaba mi virginidad. Solo quería complacer a mi novio. Ambos lo anhelábamos desde el fondo de nuestros corazones. El día que por fin lo hiciéramos, seríamos felices por siempre. Mi deseo más grande era poder ser suya por completo; en cuerpo y alma.

— ¿Y quién está esta noche contigo acompañándote?—me decidí a preguntarle.
—Hoy estoy con la bella Marlee—me asusté. ¿Qué me estaba diciendo este chico?—Es una JB electroacústica, pero ella no hace lo mismo que tú, bebé.

—Oh… me asustaste, cariño—Rocky rio y yo también; suspiré tranquila—. Amor, tengo que colgar. Sabes que las llamadas al extranjero cuestan caro y… tengo que colgar.

—Vale, ____ (TN) —en toda la conversación no habíamos utilizado nuestros nombres—. Cariño—… cambió su voz a un tono más sexy—. Ya estoy deseando ver cómo me recibirás. Demuéstrame que me has extrañado de verdad a mí y a mis labios—Rocky parecía realmente excitado. ¿Sería yo? ¿Había provocado todo eso por teléfono?

—Claro, mi amor. No podrás resistirte a lo que verás.
—Te amo.
—Yo también te amo… y tengo que colgar. Estas llamadas son muy caras.

—Tranquila, _____ (TN). Igual yo ya me tengo que ir a acostar ¿Tú no?
—Oh, apenas es el almuerzo. Luego buscaré oficio.
—Hasta luego—se despidió.

— ¿Te veré pronto?—se cortó la llamada. Tendría que comprar más tiempo aire para volver a oír la voz de Rocky.

Cerré la llamada y me quedé en ese mismo sitio un momento más. Pero no tuve paz porque Ana y María salieron de su escondite y comenzaron a atacarme con sus preguntas. No sabía que estaban ahí. Seguramente habían oído mi gritito ahogado de “¡Rocky!”

Les respondí a todo, aunque no tuviera ganas de hablar de ello; incluso me preguntaron que quién estaba en cama de Rocky. *¿Habían escuchado eso?*
Me esforcé porque el interrogatorio terminase lo más pronto posible, así podría volver a estar en mi habitación, recostarme e imaginarme que Rocky estaba allí, a mi lado, para evitar que sufra. Es un engaño, lo sé, pero es mejor que soportar tal sufrimiento. ¿Cómo un ser humano puede vivir así? ¿cómo se supone que mi corazón sobrevivirá cuando no esté él? Este amor que es vida y muerte; a veces me tiene feliz y otras veces me hace llorar.

Lloraba un poco en ese momento. No lo podía contener. Sin darme cuenta mi almohada se había convertido en un mar de lágrimas. Pero por lo menos así me sentía mejor

                                        *          *           *

Cayó una pequeña lluviecita en la tarde. Fue casi como un bajareque, pero duró más. Me sentía tan tranquila que quería dormirme con esa lluvia aunque no estuviese cansada.

Me imaginé cómo sería la lluvia en el mar. Sin duda el mar es mi medio favorito. Y la lluvia en el mar es u fenómeno precioso, al menos para mí. Me encanta sentir el fresco de la brisa del mar en mi cara. De pronto sentí sal en mi nariz. Había olvidado lo nauseabundo que se sentía el olor a agua de mar, pero aun así me encantaba ese lugar.

Me senté en la playa. No era de arena, era una playa rocosa. Me hice un pequeño rasguño en la pierna. También había olvidado lo peligrosas que son las playas rocosas cuando uno está descalzo. Sentí un ligero ardor, pero ya tenía experiencia en eso.

Sin dudarlo, metí la pierna en el agua salada. El ardor aumento, pero lo aguaté con una mueca de dolor. No me preocupé porque sabía que el agua salada era el mejor desinfectante para las heridas y que las cicatriza más rápido.

Me paré sobre el lecho marino y me refresqué. Ya no ardía mi cortada. Pero estaba rica el agua y quise quedarme allí. Miré al horizonte, entre la punta y una isla. Una cabellera sobre el agua llamó mi atención. Parecía alguien nadando. ¿Quién vendría nadando desde el manglar hasta las islas de la bahía? O si no, ¿desde dónde vendría nadando?

Se acercaba a mi isla. Creí que pronto se estrellaría contra el lecho marino de la isla, pero cuando ya estaba lo suficientemente cerca de mí como para mojarme con sus brazadas, se detuvo y se puso en pie, dando una gigantesca bocanada de aire y limpiándose la cara. Sí  me mojó la sudadera que llevaba puesta, con sus cabellos empapados.

Estaba bastante confundida y no sabía ni qué decir. Así que esperé a que él tomara la palabra primero.

— ¿Estás bien? Vi que te cortaste. Déjame ver tu pierna.
—No, estoy bien. Solo es un rasguño—le mostré mi pierna.
— ¿Un rasguño? Es una cortada muy extensa.

—Sí, pero es superficial.
—Debes tener más cuidado con estas rocas.
—Es que hace tiempo que no venía por aquí. ¿Y tú desde cuando eres experto en las costas de ____ (TP)?

—No soy experto en costas. Yo solo soy experto en cuidarte a ti—sonrió amablemente.

Awwww, ¡qué lindo!😍

— ¿Qué estamos haciendo aquí? Tú estabas de gira por Europa y yo estaba en casa. ¿Cómo es que llegamos al mar?
—Mi corazón anhelaba verte hoy.

—El mío también. No puedo vivir sin ti. Necesito que estés conmigo, o al menos estar contigo—Rocky sonrió y luego fue soltando un risita misteriosa.
—Rocky, ¡No te rías de lo que siento por ti!

—Mi hermosa flor de primavera—me acarició la mejilla—yo también siento eso mismo—Vine hasta aquí para respirar tu perfume—. Me acarició el cuello y luego acercó su nariz a mi pecho; me olfateó y me besó tiernamente—. Cariño, vine hasta aquí porque extrañaba tus hermoso labios—. Pasó su pulgar por mi labio superior y luego pasó a acariciar mi mejilla, y luego me besó dulcemente en una de mis mejillas.

—Rocky, mi amor. Extrañé tu voz, tus ojos, tu respiración, tus brazos… Y ahora también extrañaré tus dedos con los que me acaricias—Rocky sonrió a acercó su boca a mi oído.

— ¿No te olvidas de mis besos?—sonreí
—Eso es lo que más extraño de ti. No he podido dormir estos días pensado en cómo me besabas y me tocabas…

—No permitas que este sueño acabe amor mío.

Lo deseaba desde hace mucho. Pero Rocky fue tan delicado que hubiera preferido que se lanzara sobre mí como si no hubiera mañana. En cambio acarició mi cabello y luego mi mejilla, … entonces levantó mi barbilla y comenzó a acercarse a mí. Yo tenía los ojos cerrados, pero me estaba irritando que estaba tardándose mucho en besarme. Oí que se rio un poco quizá al ver mi cara de desesperación. Abrí los ojos solo para contemplar sus labios esbozando una sonrisa triunfante y sus dientes sobresaliendo. Brillaban por lo blanco que eran. Ya estaba cerca de mí. Cerré mis ojos y me entregué por completa a esa sensación

La mano de Rocky sujetándome con miedo a lastimarme; su otra mano, en la base de mi espalda, y sus labios besaban los mío.

Comencé a respirar entrecortadamente. Rocky me daba pequeños besitos y separaba sus labios de los míos; pero mis labios lo buscaban y los suyos no podían evitar juntarse con los míos.

Coloqué mi mano en su nuca, justo en la base del pelo. Pensé en tirar de su pelo, pero él ya estaba bastante caliente. El sol brillaba y nosotros nos estábamos poniendo rojos como camarones.

Rocky comenzó a usar su lengua conmigo. No me di cuenta ni de cuándo lo había dejado entrar. Pensaría que no sería justo que lo hubiese dejado ganar de esa forma; pero ya no podía, él me estaba ganando. Sentí que esbozó una pequeña sonrisa; pero luego, se convirtió en una carcajada un poco fingida. Me asusté un poco.

—Rocky—susurré en sus dientes.
— ¿No quieres besarme?

—Me muero si no me sigues besando. ¿Tú no quieres seguir besándome?—Rocky sonrió y se separó de mí; aunque todavía su mano me mantenía cerca de su amiguito. Me miró profundamente desde arriba a los ojos.

—Ya no quiero—sentí que mi corazón se rompía. *What?! Rocky rio, probablemente de mi cara de pez fuera del agua. Lo miré a los ojos.

—Sádico—Él soltó una carcajada y se acercó a mí. Besó mis labios de piquito y puso ambas manos en mi espalda, acercando mi pecho a él. Me abrazó y estrujó. No sé  qué era, pero me hacía sentir incómoda. Di un salto y casi me caigo de la cama. 

Tenía calor y todavía sentía las manos calientes de Rocky en mi espalda. Pensé en sus besos y en seguida todo el sueño se disipó.


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Hola!!!! Lamento muchísimo la terrible tardanza. Si esto fuera del colegio ya hubiera perdido la materia XD.
Estaba esperando los parciales para poder publicar algo en el blog, pero se me pasó el tiempo y no pude escribir nada. Ahora ya está acabando el trimestre y ya la mitad de la promoción está quedada. Por suerte todos mis esfuerzos en el trimestre me salvaron de quedarme; así que ahora voy a dedicarle más tiempo a este blog. 
Recuerdo que esta historia también está en Wattpad para quien me quiera seguir si no le aparece el blog (todavía tengo ese problema) y estoy actualizando el otro blog.
Ahora, continuando con la vieja tradición, acompaño esta entrada con un vídeo musical.



Esta canción la compartió la dueña del blog tuyloshermanoslynch.blogspot.com, cuyo nombre no recuerdo. Como sea. Me ha gustado mucho esta canción, nunca antes había escuchado a esa banda, pero ahora me gusta y por eso quiero compartila con ustedes XD 
Con esto me despido. Hasta dentro de dos semanas :3